sábado, 6 de octubre de 2007

Declaración de principios

"La proporción cordobesa" no es un cuaderno sobre geometría, arte o matemáticas, sino un esbozo de la absurda concepción de los cordobeses en lo que se refiere a la correspondencia debida de las partes de una cosa con el todo o entre cosas relacionadas entre sí, esto es, proporción, en cualquier ámbito de la vida y la muerte.
Habrá que hacer un duro ejercicio de "Spagyria" (del griego "spaô", extraer y "ageirô" reunir), al modo de Paracelso, para obtener, como si se tratase de alquimia, la piedra filosofal que convierte a un ciudadano convencional en un cordobés, senequista, agorero y recalcitrante. Nada más util para ello que leer mis escritos, plenos de ínfulas patrias camufladas de críticas, y que sirven de laudano a los dolores que aquejan a la ciudad que sufro y me alimenta.
No obstante, no esperen leer sólo de Córdoba. Al contrario, procuraré no escribir demasiado de ella, porque solo en lo que no se diga de ella se encontrará libre y exenta de toda mezcla de otra cosa.

Lemma: "Hay gente pa' tó"

5 comentarios:

Carmelo López de Arce dijo...

Me identifico plenamente. No sólo hay gente pa tó sino que además lo que no pué sé no pué sé y ademá e´imposible.

Unknown dijo...

Fíjate, querido Melquíades, que estoy de acuerdo con toa la página excepto con la frase de Aristóteles, pues el artista no es el que da cuerpo al ser profundo de las cosas, sino aquel que intuye y sabe que hay un ser profundo en las cosas, que lo desconoce (Platón¡¡¡¡¡, maricónnn que razóóónnnn tiene¡¡¡¡) y las recrea. Platón es la verdad. El artista, pues, es aquel que sabe que no todo está en las formas y por ello intentar recrear la otra realidad, la intangible, la imperceptible, la incognoscible, la intuible (saber antes de conocer: Platón, maricón, tiene la razón¡¡¡. Por ello, un artista nuunca está contento (de contenere=> contenido) en su obra, siempre busca algo más...busca , en definitiva, la Luz imperceptible, la Luz que todo lo ve y en quien no podemos ver. ¿Verdad, querido Carmelo?.
Tito Antonio.

Unknown dijo...

Creo, el tiempo y los excesos me van perdiendo en mi memoria, que Lobsang Rampa (pseudónimo de Cyril Henry Hoskins), un falso monje y falso autor de verdades historiables, dijo que los monjes budistas del Tibet (en el Tibet de verdad, el religioso y nada más que religioso) se encontraban enfrascados en un ambicioso proyecto para el cual utilizaban un poderoso ordenador, en busca de los infinitos nombres de Dios.
Con similar intención, hay comienzo una interminable búsqueda de adjetivos. Esta infinita lista de palabras ha de, por fín, intentar iluminar mi confundida identidad de ser cordobés.
Comienzo, ahora mismo, pues, una profunda e interminable meditación y búsqueda de los infinitos adjetivos del cordobés. No pararé, lo prometo, mi fatigoso trabajo hasta mi muerte y esos adjetivos los iré exponiendo, en su infinita lista, en este blog.
No puedo buscar los nombres del cordobés ya que, aunque él lo crea así, el cordobés no es Dios y, por tanto, sólo le pertenece un nombre. Un solo nombre y múltiples identidades verdaderas, de ahí sus infinitos adjetivos. Los mismos que me propongo desde hoy descubrir, descifrar, adivinar.
El primero de estos, ahí va:
RECALCITRANTE. Creo que es así. Nada más recalcitrante que un cordobés en su insistencia de acudir diariamente - cual sacristía- a la Peña, a la barra del bar de abajo, al barrio donde nació, al río, al perol –infinito perol- de los domingos, a la recogida del bien frutal llamado espárrago (amarguero o esparraguero), al encuentro –excesivo- dominical con el eterno acompañante - el medio-, a la evocación de San Rafael –que no es un santo sino un arcángel y por tanto con imposibilidad esencial de santidad-, a la feria, los toros, el fútbol de tercera –ahora de segunda-, a la exaltación de Sandocan –que proporciona un bocadillo al necesitado-, a adorar al párroco de turno, a perderse en su larga historia de lo que fue –como que ahora fuese árabe-, a intentar vanamente no mezclar mezquita y catedral, a la encontrada libación de los sábados, y a infinitos actos recalcitrantemente inconscientes, pero recalcitrantes.
Hoy día llamamos recalcitrante a aquel que es terco, obstinado o que reincide en alguna conducta negativa o inconveniente, pero antiguamente se aplicó ese adjetivo a las bestias que coceaban.
En efecto, del latín calx, calcis (talón) (ver calzado*), se formó calcitrare (patear) y, mediante aposición del prefijo re-, recalcitrare (patear hacia atrás, cocear). En la primera mitad del siglo xviii, recalcitrar significaba “retroceder, volver los pies hacia atrás”, como vemos en la primera edición del diccionario de la Academia (Diccionario de Autoridades) y sólo en 1780 se agrega la acepción ‘resistir, no obedecer a quien se debe’.
Así pues cordobés recalcitrante, primera adjetivación. Hasta la próxima.

Unknown dijo...

Adjetivo nº 2: ALEGROPATÉTICO. Tras larga reflexión he llegado a una situación confusa pues el segundo adjetivo son dos adjetivos. Son la consecuencia de un desdoblamiento de la persona, de una característica actitud pseudopsicótica.
La adjetivación hallada es PATÉTICO y, antonímicamente (psicopáticamente)ALEGRE, por lo que he inventado la palabra ALEGROPATÉTICO, obviando la existencia de "agridulce" y, sobre todo, "tragicómico".
Fernando de Rojas inventó con La Celestina, en el siglo XV, el subgénero dialogado de obra dramática con rasgos de comedia y de tragedia, que llamamos tragicomedia (Tragicomedia de Calixto y Melibea), pero no es lo tragicómico lo que caracteriza al cordobés puesto que, en su etimología, "comedia" viene de "Komos" que eran las fiestas de homenaje al dios griego del vino, Dionisos, en las que solían presentarse grupos de cantores (en griego aoidós [aeda, cantor], del verbo áoidiein [cantar]),que entonaban canciones burlescas o de sátira política. Con el tiempo estos cantantes ─que a partir de cierta época fueron llamados komoidós─ representaban breves piezas teatrales, generalmente comedias o poesías satíricas que se dio en llamar komoidía.
Otro tanto ocurre con "tragedia", palabra originada en la antigua Grecia como tragoidía, que significaba "canto de un macho cabrío", de tragos (macho cabrío) y oidé (canto). Se cree que este significado se haya originado en el coro del teatro griego, cuyos participantes se presentaban ante el público vestidos como sátiros.
De este modo, tanto comedia como tragedia derivan de situaciones corales, grupales, de agregación humana, lo que no expresa con exactitud la profunda soledad del cordobés.
Por ello me he visto obligado a inventar el neo adjetivo "alegropatético" que reconduce la alegría y la tristeza a un mismo sitio, a un mismo lugar y de una forma personal, única, individual, solitaria, psicopática o psicopatética o mejor, psicoalegropatética. Este nuevo adjetivo define a la perfección el semblante quieto (Manoletina templada) del cordobés apoyado en su refectorio habitual (el bar de abajo) tomando un medio a tragos compasados, con un perfíl grecorromano característico. Por tanto, defino un carácter, una metálica actitud, una bóveda psicológica, un temple, un distanciamiento amargo y dulce: alegropatético, pues.

Unknown dijo...

Casualmente ayer, en una librería de Barcelona, se vino a mis manos un libro que contenía un relato titula"Los nueve mil millones de nombres de Dios"do "Los nueve mil millones de nombres de Dios" e inmediatamente se abrió mi memoria. Efectivamente, la referencia que hice a Lobsang Rampa no es cierta. Fue el indiscutible y fascinante maestro Arthur C. Clarke, quien escribió este relato donde se habla de la tecnología aplicada a la religión.
Pido excusas por el error, que no lo fue sino una perturbación mental de la memoria que se me afana en escasez o, tal vez, en imposibilidad de retener tanto dato, que nunca pensamos es tanto, pero sí, al menos, muchos.
Ahora estoy leyendo varias cosas acerca de la "teoría de supercuerdas". Teoría que comienza a dar frutos científicos a aquello en lo que Einstein se enfrascó gran parte de su vida, tras realizar las teorías especial y general de la relatividad, y que nuinca pudo llevar a buen fín: la teoría del campo unificado.
La teoría de supercuerdas, intentar unificar las 4 fuerzas de la naturaleza: gravedad, electromagnetismo (a nivel cósmico), fuerza nuclear fuerte y fuerza nuclear débil (a nivel atómico) y las teorías de la relatividad, que funciona a grandes escalas cósmicas, y la teoría cuántica, que funciona a nivel atómico, pero que ambas entre sí no son compatibles, en una sóla teoría general final.
Para demostrar esto, no sólo sabemos que el átomo se compone de subpartículas de electrones , protones y neutrones, y que los protones y neutrones se componen de dos tipos de quark (up y down)cada uno. Además existen otras partículas: el neutrino del electrón, el muón, el tau, el neutrino del tau, el neutrino del muón y cuatro tipos de quark más. Además de las llamadas antipartículas, como el positón.
Pues bien la teoría de cuerdas nos alucina diciendo que todas estas partículas, todo el Universo, no son como un punto, sino que están formadas por un diminuto bucle unidimensional, un filamento que vibra como un elástico de goma, al que le han llamado los físicos actuales, "cuerda". Con el descubrimiento teórico de estos elementos infinitamente pequeños, los físicos han creado la "teoría de cuerdas" o "teoría para todo". Esto, simplificando, nos podría llevar a la idea del "simplicismo", al "reduccionismo": todo, al fondo, es igual, somos miles de milllones de milllones de pequeñas cuerdas vibrantes, y todos somos iguales.
¿Y el cordobés dónde está, porqué es tan diferente?. ¿Porqué entre tantos millones de posibilidades se llega a crear un ser tan diferente, al cordobés como ser?.
Bueno, esto pertenece a otro campo diferente. Al campo de la física donde se estudian las estructuras complejas. Es más, en el caso del cordobés, llegamos a la "física del caos" o sea a la llamada "teoría del caos", donde la dificultad está en la complejidad de los cálculos, pero no en una diferencia de fondo. Según esta complejidad cordobesa, al cordobés debería estudiarse, diseccionarse, no con el bisturí de la matemática clásica euclidiana, ni con un método de probabilidad, sino con el complejo instrumento de las "matemáticas fractales". Para llegar al fondo del dilema conceptual psicoanalítico del cordobés debemos de emplear la llamada "geometría del caos" cuya base es una extraña revelación (que se ve clara viendo imágenes tipo Mandelbrot) que se puede resumir como que "la longitud entre dos puntos siempre es infinita, sin embargo la curva formada encierra un área limitada". A estas relaciones se les ha dado en llamar "monstruos matemáticos" (¿monstruo cordobés?) por INCONGRUENTES y las matemáticas fractales intentan "buscar el orden dentro de este caos". O sea: CONOCER LA ESTRUCTURA PROFUNDA DE LA IRREGULARIDAD.
Por eso estoy aquí, porque nunca he llegado a comprender al monstruo cordobés, incongruente por caótico, y estoy profundamente preocupado en conocer dónde radica, en qué última estructura, su irregularidad.
Al fondo, cuerdas vibrando. Tal vez en este caso, al son de saeta, pasodoble, marcha fúnebre, romanos y cartagineses, moros y tartesos, como las "cuerdas de una guitarra".
por tanto, hoy tres adjetivos más: CAÓTICO. INCONGRUENTE. IRREGULAR.

P:D.: Carmelo, ¿se podría captar en un óleo, el perfil geométrico irregular del cordobés, la solución fractal de esto y todo ello, sobre la profunda base de cuerdas vibrantes absolutamente diferentes?. Si algún día lo pintas, este cuadro, por favor te lo compro.